Chicago enseña los dientes

CHICAGO BULLS, 110 | INDIANA PACERS, 94

Chicago: Rose (20/3/4), Butler (10/2/1), Deng (23/6/7), Boozer (13/6/1), Noah (4/7/6) –quinteto inicial-; Hinrich (13/4/8),Gibson (15/8/0), Dunleavy (10/4/2) y Mohammed (2/1/1).

Indiana Pacers: George Hill (11/2/5), Stephenson (12/1/3), Paul George (12/6/2 ), D. West (13/7/1), Hibbert (14/10/0) –equipo inicial-; S. Hill (0/2/2), Scola (6/4/1), Watson (2/0/0), O. Johnson (11/3/1), Mahinmi (0/2/0) y Copeland (13/0/1).

Parciales: 31-29, 29-15, 24-24 y 26-35.

United Center de Chicago. 22.158 espectadores.

Cuentas las leyendas – entiéndaseme: la Wikipedia– que en un cruce de caminos un genio vendió su alma al diablo; que ese extraño sonido del Delta, que recogía antiguos himnos negros cantados entre campos de algodón y ocasos interminables, ascendió río Mississippi arriba, alcanzó la zona de Los Grandes Lagos, y en Chicago el Blues se hizo carne.

Por el Este, está Miami, que es algo así como el Verbo: Bicampeones en busca de dinastía. El mejor jugador de la actualidad persiguiendo al mejor de la historia, o eso cree él. Smallball, o el baloncesto del sigo XXIII.

Después, Indiana: el equipo del futur0. Larry Bird, de vuelta a la granja, de nuevo a los mandos. Paul George o el nuevo Lebrón, Roy Hibbert o el mejor pivot de la Costa Este.

El tercero en discordia solo pueden ser los Bulls. Superado ya el estupor que siguió a la lesión de Rose en la primera ronda de los play-offs de hace dos años, y tras un año dedicado casi exclusivamente a mirarse el ombligo (Rose vuelve, Rose no vuelve, Rose está triste, Rose tiene la mirada sucia…), pero coronado inopinadamente por unos play-offs vitamínicos en los que cayeron contra los Heat en una eliminatoria en la que hubo de todo. Recuerden: expulsión de Joakim Noah, Taj Gibson y Nazr Mohammed en alguno de los cinco partidos, multas de 15.000 dólares a Belinelli y otros 35.000 dólares para Thibodeau; declaraciones de Joakim Noah: nosotros no les gustamos y ellos no nos gustan, Nate Robinson vomitando en el banquillo por un virus transmitido por Deng y/o Hinrich, que se pasaron los últimos cuatro partidos sin jugar, y casi sin sentarse en el banquillo, de lo centrados que estaban en tener localizado el váter más cercano. Tras esos play-offs digo, y habiéndose cargado previamente a los Brooklyn Hipsters para desayunar, los Bulls 2013-14 se sienten legitimados para asaltar el trono.

Ayer pusieron punto final a la racha victoriosa de Indiana dándoles un soberano repaso (82-49 a 3:32 para el final del tercer cuarto) sin aparente esfuerzo. Y digo aparente porque Indiana se quedó en un 40% pelao en tiro de campo, pero es difícil de creer que simplemente tuvieran un mal día en el tiro (que también: 4/16 en triples). El recital defensivo de Chicago, el cierre de líneas de pase marca de la casa Tibodó (un entrenador con cara y ojos), el candado en la canasta propia que pone Noah, tanto con sus larguísimos brazos como con el denuedo con el que rebotea, sumado a la intensidad con la que se conduce todo el equipo, y que no disminuye con los suplentes, provocó 48 minutos de llanto y crujir de dientes en el seno de los Pacers, que se miraban y no se lo creían. Al fin y al cabo, habían ganado con suficiencia a los Bulls 10 días antes (97-80). Thibodeau además, modifica la rutina de cambios tan insoportablemente normalizada de la NBA: mantiene a Deng y a uno de los dos postes con los suplentes, y luego da descanso al sudanés manteniendo a Rose y a Hinrich a la vez en la pista, lo que permite descansar a Rose, que pasa a funcionar de Dos, y confiere al equipo un control total del balón y de los espacios. Además, Gibson juega casi como un tercer pivot titular (ayer jugó 26 min, como Boozer, y solo 5 menos que Noah, eliminado, como de costumbre, por exceso de entusiasmo) mientras Dunleavy, en los ratos que Deng mira desde el banco, pues hace de Dunleavy: dos triples desde las esquinas, dos canastas tras bloqueo desde la frontal. Toda una vida encañonando. El resto de los suplentes pues nada, Sindicato: pipas, risas, y minutillos sueltos. Rotación clásica de 8 hombres y a correr. Espero que tenga alguna solución más el pingüino, porque si no, así, como que se le queda corta para las cumbres que pretende ascender.

Derrick Rose parece razonablemente recuperado (ayer 20 puntos y 6 triples), aunque las penetraciones salvajes a canasta que le hicieron famoso todavía se producen a cuentagotas; Luol Deng demuestra todo lo que un Tres potente puede hacer dentro y fuera (como Kleiza, pero con cerebro); en el caso de Carlos Boozer la noticia es que aparenta estar bastante centrado; de vez en cuando se va del partido, pero bueno, eso en él, es normal. Y luego, Joakim Noah, auténtica reserva espiritual del equipo, encarnación de lo que significa pertenecer a esta franquicia, empezando por el odio a Boston (rivalidad histórica) y a Miami (nuevos ricos) y el desprecio a los vecinos pobres -Indiana precisamente, y si no, que le pregunten a Reggie Miller-, pero sobre todo, personificación absoluta de los que significa ser un worker-class hoy en día. Que sí, que a mi también me da grima verlo tirar los libres, pero es un bastión insobornable abajo, tanto en ataque como en defensa, y no le falta clase (atención a la bandeja tras pick-n-roll de manual, y ya que estamos, al pase de Hinrich).

E Indiana, por su parte, no se encontró en todo el partido. Paul George estuvo fallón (3/12), aunque eso no quiere decir nada, ya se encenderá porque es un crack; Hibbert estuvo irritado todo el partido consigo mismo y con Noah que, además de todo lo anteriormente dicho, da leña como si hiciera falta; aun así hizo 14 y 10. Del resto, Copeland (ex-L’Hospitalet, ¡los de la pachanga de Gas que saluden!) calzó tres triples seguidos espectaculares ya con el partido bastante cuesta arriba para Pacers, West cumplió, porque es un jugador que cumple siempre, y Scola, pues como que no se encuentra. Parece que le está costando pasar al rol de suplente. Ya le sucedió algo parecido el año pasado en Phoenix, en donde también le intentaron sacar del banquillo por aquello de que la segunda unidad metiera algún punto. De todas formas, mi fe en Scola sigue intacta. Más pronto que tarde, debería estar en condiciones de asaltar el puesto de Cuatro titular de West, porque es un jugador bastante más completo (por no decir que tiene más baloncesto en la uña del dedo gordo que la mitad del equipo junto). Donde más dudas despiertan los Pacers es el backcourt, porque George Hill, nativo de Indiana y fichado a golpe de talonario tras llevarle el Gatorade a Parker tres años en San Antonio, promedió, en su mejor temporada (la pasada) 4 asistencias en 35 minutazos, lo que al menos a mí, se me queda corto. Y Stephenson, escolta titular mientras Granger no diga lo contrario (si lo dice alguna vez, porque esta es su segunda temporada lesionado) está, directamente, loco. Tira cuando le parece, y reincide; penetra como si no hubiera un mañana ni un compañero al que doblar la bola, se tropieza con todo el mundo… es divertido de ver, eso sí.

Así que con Larry Bird en los despachos, y Frank Vogel en el banquillo, tal y como dice The Toxic Avenger en uno de sus comentarios (¡gracias!) Indiana es un más que digno rival para tratar de detener a Miami, aunque tendrá que ser por la vía del agotamiento, como estuvieron a punto de hacer el año pasado: martillo pilón, balones adentro para que Hibbert se siga descojonando de Bosh, marcador bajo, controlar las explosiones de anotación de Miami -esperar a que escampe, vaya- y tratar de que Lebrón tenga un día terrenal y anote por debajo del 50% -que oye, cada vez son menos los días que le pasa, habrá que estar atentos por si es noticia. Sin ir mas lejos, el viernes le calzó 39 puntos a Dallas con un 77% de tiro de campo, que no lo tenía ni Mutombo, que las metía todas para abajo-. Chicago, pues tendrá que estar atento a ver cómo evoluciona Rose. Si está totalmente recuperado, él si que es un jugador desequilibrante (único MVP intercalado entre los chorrocientos galardones de Lebrón) y además está acompañado por un equipo, o sea, un  verdadero E-Q-U-I-P-O. Aún así, con 8 jugadores, uno de ellos Dunleavy, que cuando le toque coger a Lebrón o a George no los va a ver ni pasar, difícilmente podrán detener ni a Miami ni a Indiana en unos play-offs a siete partidos.

Estadísticas completas, aquí.

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