Qué suerte tiene Claver

GOLDEN STATE WARRIORS, 101 | PORTLAND TRAIL BLAZERS, 113

Golden State: Curry (22), Thompson (30), Barnes (13), Lee (15), Bogut (4) –equipo inicial-; Green (4), Speights (2), Nedovic (5), Dedmon (1), Bazemore (5).

Portland: Lillard (20), Matthews (23), Batum (14), Aldridge (30), Lopez (8) –equipo inicial-; Williams (4), Freeland (6), Wright (6), Barton (2), Robinson (0), Watson (0), Crabbe (0).

Parciales: 24-23, 30-26, 30-32 y 17-32.

Oracle Arena de Oakland. 19.596 espectadores (lleno).

La verdad es que aprovechando el 50 aniversario, lo que me pedía el cuerpo era comentar un partido de Dallas acompañado, a ser posible, de alguna canción de los Dead Kennedys…. Pero al final me decanté por Portland, la Ciudad Verde, lo que me permite darle un poco de bola a esa ciudad remota, rodeada de bosques de pinos infinitos. Capital de un estado que no grava impuestos a la compra-venta de productos, (en plata: que no hay IVA), hogar de una de las escenas musicales más vivas de los EEUU, a medio camino entre el rock clásico -ya se sabe que los guardianes de las esencias del rock clásico americano son, precisamente, los canadienses-, el punk, y el country y derivados, como el bluegrass. Por ejemplo, éste:

Qué suerte tiene Claver. Pero qué suerte. Yo de mayor quiero ser como él. Año tras año tiene entrada de primerísima fila para ver algunos de los mejores espectáculos que se pueden ver en este deporte, al que nos lo imaginamos -no puedo asegurarlo- aficionado. Año tras año, desde la excelente perspectiva que le brinda su posición en el banquillo (un poco esquinada hacia la línea de fondo, eso sí, pero ya se sabe que cuanto más cerca del entrenador, más posibilidades de jugar hay), ve desfilar ante sus ojos  a una pléyade de estrellas rutilantes que luchan y se afanan (bien es verdad, no todos) en el intento. Año tras año, desde su privilegiada atalaya, observa el crecimiento de sus compis de generación; por ejemplo, Lillard, rookie como él, elegido el mejor el año pasado; Ibaka, que en el tiempo que Claver ha pasado de promesa a eterna promesa, ha viajado del L’Hospitalet – ¡los de la pachanga de Gas, que saluden de nuevo!- a Cuatro titular en uno de los mejores equipos de la Liga. Pero no solo eso, no; es que en verano, además, una de las mejores selecciones nacionales de la Historia lo recluta para que les acompañe en las pachangas, les lleve el Gatorade en el partido o la bolsa al autobús, les haga de poste de la luz cuando practican sistemas y lleve la anotación de los resultados de la pocha.

Ayer, sin ir más lejos, pudo comprobar – vestido de calle; las entradas esta vez eran detrás del banquillo- como su equipo, sólido, arrancaba como un tiro en el primer cuarto (12-19 a los 5 min.) encaramado al 3/3 en triples con el que amaneció Wesley Matthews (¿se acuerdan?, era aquel con el que el Marca nos decía que se peleaba Rudy por el puesto de suplente de Brandon Roy). Presenció luego como los Blazers se mantenían a una distancia prudencial durante el arreón de juego alegre de Golden State, que esta vez duró un par de cuartos (14 arriba para los de la Bahía a 7 min. para el final del tercer cuarto), y asistió imperturbable -no vaya a ser que encima de no jugar le arruinaran el traje y la cara de una hostia- al momento climático del partido: una tangana bastante enriquecedora iniciada por Bogut y Freeland, continuada con ardor por Lillard, Aldridge, Williams y Matthews -todos de los Blazers, vaya por dios, ¿lo llevarán en los genes?-  y que, a 3:42 para el final del tercer cuarto, terminó con un rosario de expulsiones: Green por los Warriors, Williams y Matthews, por los de Oregon, y dos tiros libres -en técnicas ganaron los Blazers 5 a 3- que dejaron el marcador 81-71 para Golden State.

A partir de ahí, el partido se le debería haber puesto muy cuesta arriba a Portland, que tenía todo en contra: había perdido a Matthews, que llevaba 23 puntos en 25 minutos con un 5/6 en triples; había perdido la tangana, el público -lleno otra vez el Oracle, como siempre- se volcaba con su equipo… y sin embargo, al endurecerse el partido, y no me refiero simplemente a que se repartiera más leña, que no me lo pareció, si no al adentrarse el encuentro en esos procelosos momentos que definen a los equipos, emergió una escuadra firme como una roca: con una dirección extremadamente madura por parte de Lillard -ojo con este chico-, y sobre todo, con la sencillez por bandera: balones en el poste alto a LaMarcus Aldridge, y el resto del equipo, al lado débil. Con eso anulaban las ayudas de Bogut, que durante buena parte del encuentro dificultaron el juego abajo de Aldridge, y dejaban indefenso a David Lee, que con ser un muy buen defensor, no podía parar a un jugador mas alto y más fuerte. Hasta en cinco ocasiones hicieron la misma jugada clavada, que devino en un aluvión de canastas, 2+1 y tiros libres para el Cuatro de los Trail Blazers (16/19 en libres, aunque 7/21 en tiros de campo, forzados en parte por esas ayudas de Bogut que decíamos antes, para un total de 30 puntos). Los Warriors, como Claver, asistían impasibles al espectáculo, porque  el australiano ya tenía 5 faltas y Mark Jackson no encontró ninguna solución al entuerto. Fue el peso psicológico de esta demostración de superioridad de los Blazers, más que su acierto (43% en tiros de campo) o su defensa, los que decantaron el partido para los de Portland.

Eso y el mal partido de los Warriors, empezando por la falta de recursos de Jackson -propiciado también, reconozcámoslo, por un parte de bajas más extenso que un índice onomástico de Juego de Tronos-, el regular partido de Bogut o por la deficiente dirección del equipo por parte de Curry en el último cuarto, a pesar de las 11 asistencias.  Porque no es lo mismo dar asistencias con el viento de popa, a toda velocidad cuando lo estás metiendo todo que dirigir, hacer mejores a tus compañeros, llevar el partido a tu terreno y a tu ritmo cuando el rival también ha bajado el culo y está defendiendo como un loco.

Y sobre todo, mal mi muy admirado Klay Thompson, autor una vez más de un partido excepcional en ataque:  envainó 30 puntos en 27 minutos, con una serie escandalosa de 10/13 (2/4 en triples) pero con un 0 en conducta, como la película: dos faltas mediado el primer cuarto, una tercera falta en ataque sacada con maestría por Lillard: Curry y Thompson forzaban el intercambio de defensores tras bloqueo directo, permitiendo así a Thompson, más alto, llevarse a Lillard al poste bajo, pero no siempre les salió bien. Aún así, Jackson tentó a los demonios manteniéndolo en cancha, a lo que Klay contestó con 11 puntos en ese cuarto (18 al final de la primera mitad). La cuarta falta la hizo llevados 4:30 del tercer cuarto, cuando ya estaba en 28 puntos, lo que le condenó al banquillo. La quinta me la perdí porque estaba haciendo la cena, pero la sexta fue de juzgado de guardia: con Portland habiendo remontado ya el partido (92-98), y con Jackson tocando a rebato para sacar a sus jugadores de la caraja en la que habían caído tras la tangana, Thompson que intenta hacer la del trucho a Lillard y volver a llevarlo abajo,  Lillard que no se deja, Thompson que empuja, y como resulta que Lillard no es precisamente un tirillas, pues  Klay acaba sacando el codo para apartarlo un poco. Le ligaron con el carrito. Sexta personal, en ataque y a la calle, con cinco minutos todavía por jugar. Ahí se acabó el partido y las aspiraciones de los Warriors.

Ah, y por último, una cuestión ciertamente menor, pero ciertamente importante. Una cuestión estética para los espectadores, práctica para los jugadores y sin duda, crematística para la NBA. Las putas camisetas con mangas. Me importa una mierda que se vendan menos camisetas de baloncesto que de fútbol (americano o del otro) o béisbol. Me da igual que eso sea porque la gente no se pone camisetas de tirantes por la calle, que hace frío. Digo yo que quizás el precio también contará. Me la pela. Las camisetas de baloncesto son sin mangas. Punto. Punto, y final. Son más cómodas para jugar, en un pabellón cerrado se suda mucho más y lo siento, pero son mucho más bonitas. Estas camisetas que nos está intentando colar Stern (no son los Warriors, es la NBA) son horrendas. Me recuerdan aquellas camisetas de los 90 que empezó a hacer Kappa para la Roma y se extendieron como la peste, aquellas camisetas de prietas las filas, como si para jugar al fútbol tuvieras que ser un figurín. Que se lo pregunten a Puskas o a Maradona, joder.

¿Camisetas con mangas?¡Vamos, no me jodas!.

Estadísticas completas, aquí.

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Un pensamiento en “Qué suerte tiene Claver

  1. ¡¡¡Lo de las camisetas con mangas, y ajustadas, son una mariconada!!! Eso sí, seguro que se venderán y habrá gente que compre ese engendro.

    Dicho esto, aaaaaah … El Gran Claver … aquel muchacho que sigue viviendo de unos playoffs jugados contra el Madrid … Aquel que ha vivido de la sopa boba en Valencia, mientras se montaban uno y mil proyectos, y no salía ninguno, pero el sí salía indemne de todos. ¡¡¡Qué crack!!! ¡¡¡Cómo se puede ser tan indolente, y salir siempre en la foto de perfil!!! Pero claro, llega el muchacho a la ENBIEI, creyéndose que allí, iba a pasar lo mismo, segui viviendo a la sopa boba y … las primeras temporadas, de transición, se lo permiten, más que nada, porque como es barato, y no tienen aspiraciones a nada, salvo a reconstruir el equipo, bien les viene, y si espabila, pues mira, por ese precio, dificilmente van a encontrar un veterano, y si no, problemas cero, la inversión se da por bien hecha, que encontrar gente para entrenar, está complicado :))) Como decía, mientras no tenían aspiraciones ninguna, pues le daban cancha, jugaba sus partidos, donde perfectamente podía estar en el parquet unos 20 minutos, anotando la friolera de 3-4 puntos de media y cogiendo los mismos rebotes, con 2,07 y 20 minutos en el campo. Toda una oda a la entrega y al esfuerzo. Pero ahora, el equipo es bueno, han mejorado, y entre unas cosas y otras, ahora son competitivos, y los minutos, ya no se regalan, y ha pasado de jugar, a calentar banquillo, o simplemente ser un espectador de lujo. Espero que al menos, esté aprendiendo bien inglés, porque si no, sería para matarlo.

    Aish!!! Si a Fernando Martín le hubieran dado las condiciones de este pollo …

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