La busqueda de Erebor I

Vuelve a haber carne en el menú, muchachos. Tras casi seis meses de (interminable) competición, se acabó la espiral infinita del partidos, las 10 derrotas consecutivas, los cinco minutos de acción y cuarenta jugando al tran-tran, el tanking en todas sus versiones, los back-to-back en dos Estados diferentes (¿qué cuerpo humano puede resistirlo?). Se acabó todo eso, digo, porque ahora empieza la mejor competición de baloncesto del mundo: los play-offs de la NBA.

Indiana-Atlanta: El peor enemigo de Indiana en este cruce son los propios Pacers. Tres cuartas partes de la temporada inmaculadas y zas, apagón; han encadenado derrotas y problemas sin parar en el último mes y medio de competición: de repente, el resto del equipo ha descubierto que Paul George se lleva tirando hasta las zapatillas toda la temporada, Hibbert se queja de que no le pasan la pelota (y es verdad), Stephenson se ha mosqueado porque entiende que el fichaje de Evan Turner es un porsiacaso a él no le apetece renovar, y ya ha dejado claro que lo que a él le motiva a la hora de extender su contrato es exclusivamente la cuestión crematística, George Hill se empeña con denuedo en demostrar que no es base titular para ganar un anillo -ojo que el fichaje de Evan Turner puede venir por ahí-, y en medio de todo ello, unas cuantas derrotas sonrojantes, varias de ellas anotando menos de 80 puntos (en 48 minutos, cuidado).

Así las cosas, esta primera ronda, que no debería haberles servido más que para entrar en tiempo de play-offs, ha tomado un mínimo interés. Tampoco demasiado, es verdad, porque lo de Atlanta es de traca: al comprobar que no conseguía alcanzar la sexta posición del Este, único lugar a partir del cual los play-offs no son una muerte súbita contra Miami o Indiana,  desde Febrero se dejó arrastrar tranquilamente a la orilla de la primera ronda, y tanto se adormeció al sol que los Knicks del Melo-drama, las ex-rodillas de Stoudamire, el contratazo de Bargnani o el 10 de 22 en triples de JR Smith en un partido,  casi les comen la tostada. Phil Jackson va a sudar como en su vida para reflotar a Nueva York y esta eliminatoria no necesita ni pronóstico.

Pasará Indiana sin despeinarse, lo que en el fondo, será un desafío, porque trasladará todos sus problemas a segunda ronda, y allí, en función de quién esté, quizás tendrán que empezar a preocuparse.

Chicago-Washington: Y tendrán motivos, porque se encontrarán, si no hay sorpresas, con el peor enemigo posible. Los Bulls de Noah se han convertido, a pesar de las bajas (Rose) y los traspasos (Deng), en una roca de equipo. Han perdido a dos titulares y aún así, han quedado cuartos del Este. Nunca tienen motivos para el desaliento. Siempre luchando, siempre encontrando soluciones; jugando sin cuartel, hasta la victoria siempre. Roca, roca, roca; y sigues picando, y sigue saliendo roca. Lucharon como locos, empatados a victorias durante dos semanas en un toma y daca espectacular con Toronto, para evitar a Brooklyn en primera ronda, con el recuerdo de la eliminatoria del año pasado en el horizonte. Perdieron esa batalla -solo porque Toronto fue campeón de división; empataron a 48 victorias- pero los Nets se borraron con un 5-5 en los últimos 10 partidos, cediéndoles a los Wizards como rivales y de postre, la parte del cuadro más “limpia” (entre Indiana y Miami, todo el mundo prefiere a Indiana, ¿no?).

Washington vuelve a play-offs después de unos cuantos años de la mano de un excelente John Wall. Una bestia física, anota, roba y distribuye, aunque donde es realmente imbatible es a campo abierto. De hecho, sus mayores lagunas se localizan en el ataque estático, ese que, vaya por dios, le van a plantear los Bulls una y otra vez. Si consiguen correr, alocar el partido, que Bradley Beal -cañonero- anote con fluidez y que Wall haga un partidazo tras otro, podrán luchar por la eliminatoria. Abajo, Gortat, Nené, Noah, Boozer y Gibson se van a dar tanta leña que la televisión americana lo va a tener que codificar. Será una eliminatoria a 6 o 7 partidos, porque los Bulls son muy atentos con el aficionado, y si pueden resolverlo en 7 partidos épicos, no lo van a cerrar con una barrida 4-0.

Brooklyn- Toronto: Y de repente, funcionó. Un equipo hecho de retazos de jugadores al borde de la jubilación (Garnett, Pierce), estrellas europeas sobrepagadas (Teletovic, Kyrilenko), estrellas americanas aún más sobrevaloradas (Williams, Johnson), un rookie con buena pinta y malas pulgas (Plumlee),  un secundario rebotado de 9 equipos en 8 temporadas (Livingstone) y un jugador interior excelso y vago, llamado a liderar al equipo en el futuro y lesionado toda la temporada (Lopez), un equipo así, digo, de repente, hizo clic. Por obra y gracia de Jason Kidd, venerado por los aficionados de los Nets (de los New Jersey Nets de toda la vida; no tengo claro qué opinan al respecto los nuevos fans del nuevo Brooklyn Nets porque, cuando una franquicia cambia de ciudad, ¿qué pasa con sus simpatizantes,  huérfanos de club al que adorar? Matan al Padre, buscan una nueva Madre?).

Por obra de Kidd, digo, de una lesión -oportunísima- de Williams que permitió al equipo encontrar un nuevo ritmo bajo la batuta de Livingstone y de la reubicación de Pierce como Cuatro, comenzó a carburar espléndidamente, hasta el extremo de barrer (4-0) a Miami. Uno o dos pueden ser casualidad, o en Regular Season, desidia del otro equipo; pero el tercer y cuarto partido, Lebrón no tenía ninguna gana de perderlos: jugaba con una camiseta que ponía  -literalmente- “King James” (si es que este chaval tiene clase por arrobas).

Mención aparte para el posterior reingreso de Williams en el quinteto, llevada con extraordinaria suavidad y talento por Kidd (y, por qué no decirlo, con sorprendente responsabilidad por parte de una estrella del presunto calibre de Derón, que en lugar de reclamar el puesto a grito pelado, se lo ganó de nuevo).

De Toronto, no tengo nada que decir, porque es de los pocos equipos que no he visto en toda la temporada. Bueno, un par de tandas de 10 minutos mientras me comía unas mandarinas, pero poco para tener una opinión. Diría que mejoraron tras el traspaso de Rudy Gay -¿y quién no?-, se han quitado de encima un montón de pasta con él y con el caradura de Bargnani -esa mentira de jugador, que decía alguno de Guti H.-, han encontrado un filón en Ross y DeRozan y Lowry parece que anotan y además, se pasan el balón. Por lo tanto, equipo de presente y de futuro. Diría que Brooklyn tiene más prisa por llegar más lejos -Pierce y Garnett se quieren descojonar en la cara de Danny Ainge-, y que acabará imponiéndose, pero no me voy a jugar todo mi dinero en ese envite.

Miami- Charlotte: Pues aquí pasa un poco lo mismo que en la eliminatoria de Indiana. Parecía que no hacía falta jugarla y ahora, de repente, tiene un mínimo interés. Tampoco mucho, oiga, que El Heat les va a arrasar en cuatro partidos, pero está por ver cómo funciona el equipo. Un día de marzo nos levantamos y descubrimos que, oh cielos, el roster de Miami ni era interminable ni era infalible. Que quitabas a cuatro de los titulares y a Allen y al equipo se le veían las costuras por todos lados. Que Battier y Haslem ejercen de ex-jugadores, que Toney Douglas es un fardo, que Beasley ha tenido algún problema con alguien y hace un mes que no juega, que Andersen es un poste excelente como tercer center de un equipo serio (5 a 10 minutos por noche, no veintitantos como está jugando), que el experimento Oden ha resultado un fracaso (el día que se puso de tiros largos Hibbert lo recibió con 15 puntos en el primer cuarto y lo mandó al banquillo, de donde no ha vuelto a salir) y que Rashard Lewis sufrió uno de los rótulos televisivos más humillantes que he visto en mi vida: anotó un triple desde la esquina y los cachondos de la TNT sobreimpresionaron que era su primera canasta desde el 12 de enero. Llevaba dos meses jugando sin anotar un solo punto.

Dicho todo esto, que es verdad, también lo es que Miami es el equipo de un Lebrón en plenitud, que ya las ha visto de todos los colores, y que ha ido desarrollando en los últimos años un talento llamativo para seleccionar la mejor jugada en cada momento. Un Lebrón con criterio es, ahora mismo, el mejor jugador del mundo. Al lado, Wade, al que sus rodillas no dejan en paz, ni nunca lo van a hacer, pero precisamente por eso ha jugado la mitad de partidos que sus compañeros,  lo que a estas alturas de su carrera, solo puede ser una ventaja. Junto a ellos, Bosh, el más criticado del Big Three, pero a la vez el que tiene la responsabilidad más endiablada: defiende siempre al Cinco rival, que por lo general le saca de 20 a 40 libras, es el único jugador interior tanto en ataque como en defensa durante muchas fases de los partidos y aguanta todo el tinglado de ayudas en defensa que ha sabido montar Spoelstra. Además, en sus ratos libres, anota. A ellos, un par de jugadores exteriores competentes, Chalmers y Cole, y por supuesto, Ray Allen, que sí, que está mayor, que falla más que antes, que… pregúntenle a San Antonio.

A cambio, los Bobcats, cuyo listado de apellidos en el quinteto titular parece un parte de bajas de la Guerra de Secesión (Henderson, Jefferson, McRoberts…) solo tienen para contraponer a Miami un puñado de jugadores jóvenes, voluntariosos y bastante anotadores. Ah, y a Kemba Walker. Ojo con él. Y con McRoberts, que parece un jugador de otra década (la de los 70, concretamente). A ellos se les añade Al Jefferson en la pintura, que no va a ser una estrella pero es un jugador extraordinariamente competente, y Gary Neal, un auténtico microondas, que se ve que no servía para el Barça ni el Unicaja, pero lleva una carrera estupenda en la NBA.

PD: Haré el Oeste en cuanto tenga tiempo, no puedo prometer nada…

PPD: Por cierto, hoy lunes ya se ha jugado la primera jornada de playoffs, y la primera en la frente: Atlanta gana 1-0 a Indiana. Creo que en mi texto dice “pasará Indiana sin despeinarse”. Ya saben, aquí tienen el oráculo que necesitan.

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Un pensamiento en “La busqueda de Erebor I

  1. Qué tal crack!! A ver cuando sacas la entrada del Oeste porque a día de hoy empieza a haber sorpresas (jejeje…. Oklahoma a un partido del ko con los grizzlies)

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